La motosierra del plebiscito


foto-miaEditorial

Por: Ángel David Esguerra Tache *.

Escribo estas líneas una semana después de haberse realizado uno de los eventos electorales de mayor trascendencia en la vida republicana de nuestra nación.

En él se utilizó una herramienta de participación ciudadana, que dada la capacidad de sus alcances y ante las posibilidades existentes, actúa de manera tajante sobre la masa social, dividiéndola en dos partes, me refiero al Plebiscito por la paz.

ilustracion-editorialEste plebiscito, a diferencia del referendo o de unas elecciones normales en los cuales hay más de dos opciones participantes, dividió de manera categórica en dos bandos a la población. Recordemos que aun cuando en un referendo normal también hay un Sí y un No, y en la casi inexistente elección entre sólo dos candidatos o partidos, en ellos entra a jugar un tercer actor el cual sirve como válvula de escape, me refiero al Voto en blanco.

En el plebiscito se decidió que no cabía la posibilidad de ese otro mecanismo de participación ciudadana, por lo tanto era sencillamente respaldar los acuerdos que conducirían hacia la construcción definitiva de una paz estable y duradera, o postergar esa posibilidad desde un ‘No’ que echaba por tierra conversaciones y avances de algo logrado con tantos esfuerzos
y dificultades, con una veeduría internacional y con una participación de diversos sectores de la sociedad que le apostaron a la concordia y la armonía social.

Desde el mismo día de haberse decidido ir a las urnas a través de las redes sociales expresé en diferentes comentarios mi preocupación con respecto a lo que se avecinaba para un país con mucho más emocionalidad que racionalidad, con las siguientes palabras:

Señor Presidente Juan Manuel Santos, ¿por qué si se le respaldó con el Voto por la paz, usted quiere someter al consentimiento popular una decisión que debe tomar desde el poder otorgado en las urnas? ¡Absurdo puente hacia la polarización y el fanatismo! ¿Para qué era el voto por la paz o el apoyo a Santos en su segunda reelección? ¿No era acaso para que firmara la paz? ¿Será que el señor de las sombras en estas instancias sometería a un plebiscito este proceso? ¿O lo impondría, acalórese quien se quiera acalorar? No puedo dejar de pensar que este juego de absurdos beneficia mayormente a quien de manera hipócrita se dice que es su mayor oponente! Se está jugando con fuego en medio de un país cuyo fanatismo es ancestral.

En efecto, desde esa misma hora salió a relucir toda la obstinación y ansias de poder de las huestes uribistas, así como la andanada de mentiras de seguidores suyos, quienes echaban por tierra todos los intentos por acabar con 52 años de guerra, muerte y desolación, todo el esfuerzo por parar en seco la lamentable cifra de seis millones de desplazados, 220.000 muertos, 3.000 de ellos de la UP, y el enorme gasto de 22 mil millones de pesos diarios, desechando de manera vil unos acuerdos que harían cambiar las municiones por palabras y las armas por argumentos.

Inexplicablemente se afianzaron los discursos que señalaban a los partidarios del ‘Sí’ de  guerrilleros, castrochavistas, surgieron las amenazas de pasar a una situación similar o peor que la hermana República Bolivariana de Venezuela, o que la solidaria nación anfitriona que nos estaba permitiendo enrumbarnos hacia la armonía social.

Durante este lapso se derrumbaron innumerables puentes que la tecnología había logrado construir gracias a las redes sociales, lazos familiares y de amistad que habían sido fortalecidos pese a grandes diferencias se reventaron, sentimientos afectuosos y admiraciones mutuas erguidas a lo largo del tiempo se derrumbaron gracias a una polarización política entre los partidarios del ‘Sí’ y los del ‘No’.

Fue una campaña malévolamente diseñada con el fin de desestabilizar para volver al poder, eso se comprueba cuando vemos que no se tenían ni se conocen aún sus propuestas, y de eso nos enteramos cuatro días después cuando el Gerente de la campaña del ‘No’ en una entrevista para un prestigioso medio de comunicación nacional devela los pormenores con los cuales dividieron el país y da a conocer a unos actores económicos que merecen el desprecio mundial por financiar semejante despropósito; y es que fue tan asquerosa su estrategia que no invirtieron su tiempo preparando sus contribuciones ideológicas para un mejor país, sino las infames mentiras, la desinformación, y manipulación las cuales fueron vomitadas desde sus medios aliados, y lo que es peor desde los púlpitos de iglesias, (Dios sabrá si hasta los diezmos fueron a parar a allá), donde comenzó a escucharse, no un cántico de amor cristiano sino el desesperante estridor que dividió el país, como si una motosierra escindiera el cuerpo de nuestra querida Colombia.

* Premio Nacional de Periodismo ‘Antonio Nariño’ 2014.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s